Las micotoxinas son compuestos tóxicos producidos de forma natural por moho u hongos microscópicos (Aspergillus, Penicillium y Fusarium) que infectan cultivos agrícolas, granos, semillas y sus derivados.
Pueden generarse tanto en el campo durante el cultivo como durante el secado, transporte y almacenamiento. Al ser altamente resistentes a los procesos térmicos e industriales (como el horneado, la extrusión o la cocción), permanecen en el producto final.
El análisis cuantitativo de estas toxinas es fundamental porque:
- Garantizan la seguridad alimentaria: Evitan intoxicaciones agudas, efectos tóxicos acumulativos en hígado y riñones, y problemas digestivos severos en personas y animales.
- Aseguran el cumplimiento regulatorio: Permiten certificar lotes para comercio local y exportación cumpliendo las exigencias del Codex Alimentarius, FDA y la Unión Europea.
- Previenen rechazos de embarques: Evitan la pérdida total de contenedores en aduanas o puertos por incumplimiento de límites máximos normados.
¿Qué puedo hacer para mejorar los resultados obtenidos?
Cuando un alimento presenta valores que sobrepasen el límite definido, se recomienda revisar:
- Evaluar materias primas al ingreso antes de descargarlos o procesarlos para evitar la contaminación cruzada en su planta.
- Controlar la humedad para mantener la actividad del agua por debajo de 0.65 en productos secos para detener la proliferación y producción de nuevas toxinas por hongos.
- Reduzca la humedad del grano, fruto o semilla de forma inmediata tras la recolección por medio de un secado rápido post-cosecha.
- Guarde el producto en áreas frescas, secas, bien ventiladas y sobre tarimas para evitar la condensación y el contacto con pisos y paredes.
- Evite granos quebrados o dañados por insectos, ya que la ruptura de la cáscara facilita la entrada de hongos.
- Limpie constantemente el polvo y residuos acumulados en silos, bodegas, bandas transportadoras y contenedores.
